Si es un urgente reto conciliar la relación entre educación, salud mental y tecnologías digitales y el mismo LEÓN XIV ha pronunciado una conferencia ante los responsables de construir juntos auténticos “mapas de esperanza”. El Dicasterio para la Cultura y la Educación dentro del espacio iberoamericano y geografía de habla castellana.1.
Ayuda ver el modo en que el pontífice anima de modo sugerente a visualizarlo en la figura de “los tejidos artesanales, que con sus múltiples hilos y colores intensos nos enseñan que ningún hilo basta por sí solo para crear el diseño. Sólo el entrelazado paciente genera belleza y resistencia. Cada hilo conserva su propio color, pero adquiere significado dentro de una trama más amplia”. También la educación está llamada a salir de los individualismos y la transmisión de competencias, y a aportar el arte de “tejer comunión”.(1)
Los pueblos antiguos alzaban la mirada hacia el cielo para leer las constelaciones. Y no deja de tener vigencia, si bien de modo técnico a través de los institutos meteorológicos y aeroespaciales. Las estrellas, los astros no sólo se observaban por curiosidad abstracta, sino también porque ayudaban a comprender el momento adecuado para actuar, preservando la armonía entre el hombre, la naturaleza y el tiempo.
Hoy levantar la vista, es construir una constelación educativa global, en la que cada institución, cada cultura y cada pueblo puedan ofrecer su contribución original para iluminar el camino de la humanidad. ¿Quién puede ayudarnos a afrontar una de las mayores pobrezas de nuestro tiempo: la pérdida de las constelaciones interiores?.
Muchos jóvenes poseen instrumentos tecnológicos cada vez más sofisticados, pero les cuesta encontrar un sentido por el que vivir, esperar, amar e incluso sufrir. Detrás de tantas dificultades, soledades y fragilidades psicológicas se esconde a menudo una pregunta silenciosa: “¿Tiene mi vida algún sentido? ¿Existe una esperanza fiable para el futuro?”.
Somos un deseo, no un algoritmo (2) . Cuando el ser humano se reduce a un rendimiento, un consumo o un dato estadístico, surge inevitablemente un profundo sufrimiento interior.
Muchos jóvenes viven hoy bajo el yugo de las expectativas y el rendimiento, inmersos en una competitividad exasperada que genera ansiedad, miedo de no estar a la altura y desorientación.
«El tema de la salud mental no es una mera cuestión clínica o técnica, es un reto organizativo y social.» Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental y jefa de sección del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, en el marco del I Seminario de Periodistas de Neurociencias organizado por Lundbeck los días 21 y 22 de mayo en Sitges.
Es indispensable la aportación de la ciencia, la psicología, la medicina y las neurociencias para posicionarnos individualmente en un pensamiento y una reflexión que nos lleven a superar tantas fragilidades interiores dentro de un horizonte de sentido. Porque cuando no hay visión se incrementa el vacío interior, el aislamiento y la desesperación. Hoy día hemos dejado de tratar estos temas como tabú y somos más conscientes de que algo hay que hacer para salir de estos estados de tristeza o miedo. Solo cuando una persona descubre que su vida tiene valor, que es amada, esperada y que tiene una tarea en el mundo, entonces nace la esperanza. Se puede decir -sin religiosismo- que la esperanza no es una ilusión ingenua, que es una fuerza espiritual que sostiene la vida, incluso en los momentos más difíciles.
Por eso entre los objetivos del Pacto Educativo Global, también está el de cultivar la vida interior. De hecho, no basta con conectar a los jóvenes a las redes digitales, si luego permanecen desconectados de sí mismos, de los demás y de su propia interioridad.
Nuestro principal deber de adultos (*) es ayudar a las nuevas generaciones a redescubrir el silencio, la reflexión, la capacidad de hacerse preguntas, la profundidad de las relaciones y la apertura a la trascendencia.
Para escuchar el alma, es necesario agudizar el oído, porque su voz no es un grito, sino un susurro.
Todo es importante: la tecnología nos conecta, la educación nos forma. Educar significa acompañar a los jóvenes a descubrir no sólo cómo vivir, sino también por qué vivir.
(*) En esta misión educativa, las instituciones públicas, la escuela, las universidades, las familias, las comunidades religiosas, el mundo de la cultura y el de la comunicación están llamados a trabajar juntos. Nadie puede afrontar por sí solo retos tan profundos y tan complejos. En esta época de transición digital, estamos llamados a ser luz para muchas personas, sobre todo para los jóvenes, que buscan puntos de referencia fiables y mapas capaces de orientar el camino de la vida.
¿Y si nos implicamos con una visión constructiva de nuevas síntesis culturales, con el valor de conjugar pensamiento & vida, contemplación & acción, atención a los pobres y búsqueda del sentido, custodiando el patrimonio profundamente humano de la educación y unimos nuestros esfuerzos por infundir confianza a las nuevas generaciones, para que se comprometan en la construcción de un mundo más justo y fraterno?. Larga es la pregunta, verdad? Responderla tiene calado de revolución.
Deberíamos hablar sin cruzarnos de brazos ante el desafío en nuestro país (3) que tiene servida en la mesa de cada casa, retos como nuestra incapacidad para convivir con el malestar, la pérdida de identidad de los jóvenes suplantada por la absorción de las redes, la falta de vínculos afectivos……, la dificultad de equilibrar stress y ámbito laboral, y un envejecimiento poblacional.
LA OMS define el “malestar”de la vida cotidiana como las emociones negativas y el estrés que experimentamos que reacciona de forma normal como parte de nuestras vidas diarias, en proporción a la situación, incluyendo tristeza, ansiedad, frustración o ira. Se solucionan con nuestras propias capacidades o con el apoyo de familiares y amigos, cuando el sufrimiento es inherente al ser humano, todos sufrimos.
Más grave es el problema con la identidad de los jóvenes que pierden el motor, la toma de decisiones, el atreverse a explorar, a equivocarse…… o la autoconsciencia de quién es uno mismo y la experiencia humana vital en cada ciclo evolutivo.
“La falta de identidad está debajo de los trastornos de personalidad, de los de conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia, de los afectivos y de los trastornos de ansiedad”, explica la presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría.
A la pregunta de por qué se da esa falta de identidad, Díaz responde que esta depende del apego, de las expectativas sobre uno mismo y de las que tienen otros sobre lo que tú eres. Esta sociedad especialmente productiva se ha tragado el deseo de proyecto personal, y hemos salido del locus interno de control al externo, y del abuso de redes sociales. «Provocan que te compares con el mundo y genera unas expectativas bastante alejadas de la realidad; cuando la identidad aún se está formando, en la adolescencia, esto tiene su proyección». Díaz remarca que «no es que los jóvenes sean incapaces o no quieran, es que no pueden, y eso se transforma en enfermedad mental».
Los datos poblacionales recientes de bienestar mental desvelan que el 48 % de la población española refiere síntomas depresivos de algún grado. El 64 % considera que podría verse afectado por ansiedad, estrés o depresión, según datos del Estudio Internacional de Salud Mental AXA España 2025, que se ha elaborado a partir de 17.000 encuestas realizadas a personas de entre 18 y 75 años, de 16 países del mundo, entre ellos España. «Esto no equivale necesariamente a diagnóstico psiquiátrico, pero refleja una alta carga emocional, malestar psicológico y un aumento del sufrimiento mental percibido», comenta Díaz.
1.) DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL ante el Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos
2.) Diseñar nuevos mapas de esperanza 4.1. LEÓN XIV
3.) Datos del Estudio Internacional de Salud Mental AXA España 2025, que se ha elaborado a partir de 17.000 encuestas realizadas a personas de entre 18 y 75 años, de 16 países del mundo, entre ellos España. «Esto no equivale necesariamente a diagnóstico psiquiátrico, pero refleja una alta carga emocional, malestar psicológico y un aumento del sufrimiento mental percibido», comenta Díaz.: entre 21 y 24 millones de personas —en torno al 43 % de la población— padece algún trastorno neurológico o psiquiátrico —que corresponden con un 29 %— representando una prevalencia un 2 % mayor que en el resto de Europa.




Comentarios recientes